Las mudanzas tienen algo de liberador, salen a la luz cosas que ni recuerdas, revisas papeles olvidados, desechas cosas, enseres que se manifiestan inútiles, hojas, se oxigenan los elementos, las ideas y la propia vida. Voltear la casa, deshabitarla, es ventilarla de una parte de tu vida, es ser consciente de nuestra permeabilidad, nuestra volatilidad y falta de permanencia. Sacrificamos cosas, perdemos siempre algo con el cambio, pero toda pérdid y todo cambio siempre es ganar algo, no sabemos qué quizá, aunque siempre experiencias, otras perspectivas. Como el payaso para el que todo es cambio, siempre con su maleta a cuestas, siempre inquieto y mudándose a sí mismo en cada actuación para renovarse constantemente ante un nuevo público con el que vivir sus experiencias. Ver lo positivo del cambio, porque es inevitable y regenerador, cabalgar sobre él lo mejor posible para que no nos arrastre en su impulso.
Ahora que he estado de mudanza me vienen esas reflexiones y estas realidades, he intentado tirar lo menos posible pero sí eliminar muchas cosas en desuso para que otros puedan hacer uso de ellas, y volver a usar cosas que había olvidado, reciclar en la medida de lo posible.
Y por lo pronto, con este cambio, cada día puedo levantar la cortina y darme el capricho de ver la ciudad a mis pies
1 comentarios:
Guau! ¿Esas son tus vistas? ¡Tú no eres un payaso, tú eres un burgués! Es broma.
Me gusta tu publicación; es cierto que cuando hacemos cosas que no son naturales vemos las cosas de distinta manera, hasta lo sentimos en el cuerpo. En el caso de mi madre, ella siente el verano en el dolor de las piernas, pero eso es otro asunto jaja.
¡Me gustó el artículo!¡Y me gusta más que se deje ver algún payaso por aquí! Estoy cansado de ver políticos que lo intentan, pero que no hacen de mi mundo, un sitio más feliz.
Publicar un comentario en la entrada