08 junio 2009

185 - No importa quién

Llevamos un tiempo que al saludo inicial del "qué tal" se suma lo de "llevas la crisis". Los negocios se quejan, los empleos tambalean, el consumo se resiente...

Si el que no tiene crisis es aquél que sigue teniendo su sueldo a fin de mes, entonces yo siempre he estado en crisis. Y todos los payasos además de estar siempre en crisis, tienen su punto anticapitalista.

Muchas veces, sobre todo hace unos años, al acabar la faena, o sea, después de animar la fiesta, me preguntaban si me dedicaba a algo, si tenía trabajo o dedicación, considerando de este modo que lo que habían visto era una afición y no una actividad o profesion con la que ganarse la vida. (En realidad tenia una vida paralela de payaso carablanca, ya sabéis, seria, de vendedor de pisos... paradoja de la vida, me hice agente de la propiedad para una profesión de futuro y de dinero y el dinero y el futuro me lo está dando la profesión sin futuro de payaso)

Ahora con más razón, una vez que has encaminado tu vida en esta dirección, la gente quiere interesarse en que tal te va en lo que haces... Pues como siempre me ha ido, unas veces mejor, otras peor, menos a veces, otras más, hoy no hay nada, mañana hay tres... pero lo que hay gusta a los demás, y al menos no falta. Lo importante es la capacidad de adaptación a los cambios, o sea, a las crisis, a los altibajos, y a eso ya estoy acostumbrado.

El que hace algo se convierte en alguien, o como la expresión en francés "C'est en faisant n'importe quoi qu'on devient n'importe qui" (haciendo lo que sea seremos el que sea, o haciendo cualquier cosa nos convertimos en cualquiera).

Pues yo hago payasadas, reconozco que me divierten y me hacen reír cosas que a veces a los demás disgustan o incluso indignan (aunque no lo aplique a mi trabajo) y me divierte el ridículo o salirse de tono. Y bueno, aunque no sea por eso, parece que me han convertido en payaso. El payaso es un observador de la gente para mostrarles después lo que ha visto que hacen. Incluso transforma lo que no le gusta de la realidad en elementos cómicos, y funcionan. Como la imagen reflejada en un espejo, que parece la misma. Sí, es la misma imagen pero invertida. Y las actitudes serias, agresivas, ofensivas o molestas se (a)parecen a su vez como imágenes invertidas, y veo al que las proclama como caricato. Lo más serio es lo más susceptible de convertirse en cómico.

La cosa es que todos somos payasos, al menos lo llevamos dentro en potencia, pero desafortunadamente no lo dejamos salir, ocultándolo bajo un manto de incompresión, miedos, prejucios, creencias, recelos, intolerancia, malos rollos o alguna traba... porque el payaso que tenemos dentro no siempre es el ser bello, bueno y candoroso que deseamos tener o mostrar, ya que suele tratarse de un yo exagerado a la enésima potencia, emocional al máximo, con un grado de satisfacción personal infinita, tan abierto y emotivo que todo es nuevo para él por lo que se siente capaz de todo. Es exageración y antítesis de nuestro yo serio y limitado, un yo invertido reflejado en un espejo, aunque afortunadamente para los que nos dedicamos a esto, podemos explotar esa ignoracia a su costa.



Cuando veo este cuadro de la evolución, el último escalón es el de payaso, por qué? Porque ha descubierto algo que los demás ignoran, descubrirse a sí mismo, ha descubierto que su imperfección es perfecta, a desnudarse ante el mundo sin miedo y a reírse a carcajadas de sí mismo, capaz también de descubrir y desnudar al mundo y a los otros, haciéndoles reír y, aprovechar, a su vez, la ignorancia (de no saberse payasos) de los demás. Quién se rie así del payaso se está riendo, sin saberlo, de sí mismo, reconociéndose como una imagen reflejada en el espejo, igualita, igualita, pero al revés.

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